Conversando entre colegas / Urbanismo ecosistémico


Días pasados, resurgió el tema de las súper manzanas tras ver un video en tiktok por parte de un colega.


@hopeenpieporelplaneta

El poder de una idea que puede transformar nuestras ciudades. Literalmente.

♬ sonido original – Hope! En pie por el planeta


Claudio Fraga: Muy bueno! La inversión de Barcelona está enfocada en desarrollar el espacio público, no en densificar la ciudad.

Colega: Me parece fantástico!!! En donde yo vivo, hay un par de situaciones similares, más modestas y no tan pensadas desde el urbanismo, pero aportan un montón en medio de lo apretado de las manzanas.

No es de extrañar que esta nueva propuesta urbana vaya ganando fans, y esté en la mira de urbanistas de todo el mundo, ya que trata de un nuevo modelo de ciudad que tiene el objetivo de recuperar las calles para la ciudadanía.


Pero, cómo funciona este modelo de súper manzana?



«Su funcionamiento es fácil de entender. Se trata de agrupar varias cuadras en un área urbana mayor, de forma que las calles interiores se dediquen sobre todo a las personas en lugar de a los coches, desviando el tráfico de paso por los bordes. De esta manera, buena parte del viario interior puede utilizarse para generar zonas verdes o espacios para actividades comunitarias. En definitiva: calles más dedicadas a los residentes”.

Así lo explica claramente José Fariña Tojo, catedrático de Urbanismo y Ordenación del Territorio y Profesor Emérito de la UPM (España), en su articulo para la sección Ciudades Sostenibles del Diario El País.

“Pero todo cambio, sobre todo los que se realizan en las áreas urbanas, trae consigo resistencias derivadas de las necesidades de adaptación que conlleva. Los motivos son variados, pero casi todos giran en torno a tres ejes: problemas para aparcar por parte de los residentes y acumulación del tráfico en las calles que bordean el área; gentrificación con aumento de los alquileres; y, dificultades para los negocios que quedan en el interior. Todos estos problemas son reales, pero (…) probablemente, desaparezcan al generalizarse su uso a la mayor parte de la ciudad”.



Este proyecto que nace de la mano de Salvador Rueda, Director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona y ​​coordinador de los programas de renovación y revitalización de la Ciutat Vella de Barcelona, ya lleva varios años desde sus inicios en Poble Nou (2003). Los errores y aciertos de esa prueba piloto, han hecho evolucionar su puesta en práctica hacia un cambio radical del modelo de hacer ciudad, siempre respetando su concepto base: “introducir más verde de proximidad en la ciudad, y lograr una urbe más saludable”.

Así, cada superbloque se configura como una pequeña «ciudad» y busca, entre otras cosas, “acotar grandes espacios de 400×400 metros (unos nueve bloques de edificios y sus calles) en los que se reduce hasta un 60% de tráfico del área, creando espacios verdes y de encuentro para los vecinos con el objetivo de «mejorar la habitabilidad de las calles (sin ruido, sin contaminación del aire y con el máximo confort), la prioridad de los modos de transporte más sostenibles, la mejora en el uso.» En fin, que el 75% de ese espacio este dedicado al ejercicio de todos los derechos ciudadanos.

Según Salvador Rueda, las súper manzanas son un modelo porque se pueden extender a cualquier ciudad del mundo.

“Ahora mismo hay súper manzanas en medio mundo: en Vitoria, Barcelona, Berlín, Nueva York, Vancouver, Montreal, Quito, Buenos Aires, Bogotá, Valencia…”

Daniel Stinchi: En Avellaneda es muy bueno el trabajo que están haciendo en los espacios Públicos. Fíjense en esta imagen, el municipio rescató el espacio verde de un talud de tren. Bajo puentes transformados en plazas.

Claudio Fraga: Es un sector de Avellaneda terrible… repleto de bordes, limites y paredones de industrias muy bien resueltos como espacio público.

Daniel Stinchi: Entre fábricas, vías de tren y avenidas se van generando micro barrios de baja densidad y mucha vida al exterior. Ahí tuve la suerte de disfrutar mi infancia; mi barrio se llamaba «El Pueblito» con límites en vías del Roca, Pavón y dos cortadas.

Lo del talúd, hubo un tiempo no muy lejano donde lo habían tapizado con hormigón para que no crezcan pastizales y sea lugar propicio para alimañas y delitos como afanos, violaciones, etc..

Era una cosa muy soviética, y agresiva, porque era el hormigón tirado de los mixers, sin ningún intento de algún alisado. Tal vez aun exista algún tramo de talud hormigonado.

Claudio Fraga: Lo interesante de los barrios entre vías o bordes muy comunes en el sur de la ciudad era el clima y carácter que se desarrollaban en esos lugares. Muchos tomaban identidad y los partidos inter barriales se identificaban en esos sectores dando lugar a los clubes de barrio.

Daniel Stinchi: En esa zona vivía, el punto rojo era mi casa, las líneas rojas delimitan «El Pueblito» y se ve la cercanía de los estadios del Rojo y de Racing que en poco tiempo se transformarán en nuevos inconvenientes, dinámica natural de un sistema permanentemente en transformación.

 


Conclusión


Hacer ciudad es trabajar sobre los inconvenientes para transformarlos en soluciones.

 

 


Fuentes: elpais.com / ub.edu / Archdaily / Ayuntamiento de Barcelona