Espacio público, un negocio sin beneficios para sus habitantes.

28 mayo, 2019 / By

ARTÍCULO DE OPINIÓN: Arq. Claudio Fraga, Responsable del Área de Arquitectura de Kraftwelt.

Buenos Aires, una ciudad que disminuye su calidad de vida al perder espacio público por privado.


 

 

El vertiginoso y progresivo crecimiento demográfico de las grandes ciudades como centros generadores de trabajo, cultura y educación, pone en el centro del debate el desafío que enfrenta la planificación en el reordenamiento urbano.

La planificación es un trabajo interdisciplinario que involucra aspectos técnicos y específicos de la materia, pero también factores sociales, políticos, económicos e ideológicos que definen los rasgos principales de las intervenciones urbanas.

Sus conclusiones desembocan en resoluciones materiales verificables a largo plazo, pero con fuertes posturas ideológicas como punto de partida.

Al analizar las grandes ciudades, detectaremos que por la alta densificación las intervenciones denominadas Haussmannianas -basadas  en reordenamiento drásticos y absolutos- son impracticables.

Las nuevas tendencias de planificación se direccionan a todas aquellas acciones no traumáticas y asimilables a los diferentes contextos urbanos que permitan una rápida integración a la ciudad, y detecten sectores específicos con vacancias propicias para la intervención.

Nueva York es un ejemplo de lo descripto.

 

 

Actualmente se encuentra reordenando su crecimiento con intervenciones ya realizadas y en pleno desarrollo: los Pocket Park*, espacios abiertos de pequeña escala que ofrecen un entorno seguro y atractivo para los miembros de la comunidad; el Hugh Línea Elevated Park, un parque erguido sobre una línea de ferrocarril antigua; y todos las planificaciones puntuales en la costa de la ciudad han reactivado sectores deteriorados y en desuso, que se interconectan a través de un plan integrador rector.

 

 

Está estrategia se verifica  en otras grandes ciudades como Barcelona, Londres, París, etc.

 


Subastando las joyas de la abuela


 

Buenos Aires, que sin duda se encuentra entre las grandes ciudades del mundo, acaba de aprobar un código de planeamiento que aumenta la densificación en algunas de sus áreas, y que propone una célula mínima habitacional de 18 m2.

A la vez, está estructurando una subasta de bienes del estado -conformada por una importante cantidad de espacios y edificios públicos- con el objetivo de recaudar fondos, que se supone servirán para la inversión en otros desarrollos de infraestructura necesaria para la ciudad.

Estas propiedades subastadas públicamente pasarán a manos privadas con la obligación de generar proyectos que contemplen un 35 % de espacio libre y público.

Una gran cantidad de estas propiedades se detecta en el área norte y centro de la ciudad -de mayor valor inmobiliario por m2 de tierra-, próximas a Puerto Madero, Palermo, Belgrano, Núñez, Recoleta, etc.; y en zonas donde la proporción de espacio público verde por habitante es menor al estándar internacional.

 

Fuente: OBSERVATORIO METROPOLITANO MAPA DE SUBASTAS DE BIENES DEL ESTADO

 

En este punto desembocan los siguientes interrogantes: Será suficiente un 35% libre y público para cubrir lo necesario? Quién define las reglas para que ese porcentaje sea un espacio de calidad para la comunidad? el Estado? o queda librado a la sensibilidad del proyectista?

Cómo interpretar este plan que cede espacios públicos, que una vez privatizados son difíciles de recuperar?  Un plan que densifica áreas y propone una unidad mínima habitacional de 18 m, qué clase de espacios urbanos aportará para que los habitantes puedan desarrollar su vida?

Vuelvo a las ideas de los Pocket Park de Nueva York, donde en cada rincón -pequeño o grande- se genera un espacio exterior habitable, y utiliza el mínimo recurso de vacancia como m2 vacío de aire y verde. Vuelvo a la idea del Hugh Línea Elevated Park, que reactiva una plaza en altura y potencia el espacio público con multiplicidad de actividades  en los interiores de las manzanas…

 

Una última reflexión

Asociar al privado con la renta y al estado con el cobro de impuestos, y como contrapartida, considerar lo público como un gasto que lógicamente impacta en el cobro de impuestos a lo privado…hace evidente el famoso dicho  “El perro que se muerde la cola”.

Quizás esta paradoja se componga de variables tangibles e intangibles. Las primeras son previsibles por ser matemática pura, y las segundas son verificables a largo plazo (como toda planificación urbana), sin opción a ser modificadas pues ya formarán parte de las ventajas o desventajas de la ciudad que habitemos.

 

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